Hijos de Excelencia

Slider 2 Pastor B. López-Maza

Esta enseñanza nos reta a darnos cuenta cuál es nuestra condición, para avanzar a una mejor condición. La condición que tenemos por más buena que sea, siempre puede ser mejorada; por tal razón, uno de los peores errores que podemos cometer, es creer que ya lo sabemos todo o que ya lo alcanzamos todo. 

Al tener una relación genuina con El Señor, cobramos conciencia de aquellas áreas en las cuales necesitamos mejorar. Esto sucede porque El Señor quiere que podamos descubrir que hay una mejor versión de nuestra vida que no conocemos pero que Él ya conoce; es decir, Él no busca acusarnos. Una de las mejores experiencias que podemos tener en nuestra vida, es saber cómo hemos sido conocidos por El Señor: cómo Él nos ve. 

Algunas personas que viajan a nuestro país, opinan que los guatemaltecos son muy amables y cordiales; pero también opinan que son negativos. Hay cosas buenas que debemos potencializarlas, pero las cosas malas las tenemos que cambiar. Una de las cosas que necesitan cambiar en nuestra vida, es el hecho de creer que ya no podemos ser mejores, porque esto provoca detenimiento e incluso nos volvemos personas que se ofenden con facilidad.   

  • Fuimos creados para buenas obras

Hebreos 10:23-25 “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”


La Biblia nos enseña que fuimos creados para buenas obras, dentro de las cuales está el congregarnos. Esta es la buena obra que deberíamos practicar siempre. Quizás hemos leído esta parte de la Biblia como algo que solo nos imaginamos (las buenas obras), y nos ponemos a pensar qué buenas obras haríamos; sin embargo, quizás ni siquiera hemos practicado la más básica: congregarnos. Debemos crecer y aprender a tener como principio, la realización de esta buena obra. 

Efesios 2:10 ” Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Algunas personas dicen que Jesús no se congregaba, pero esto es falso. Lo que sucedió es que debido a los cambios que Él estaba transmitiendo con sus enseñanzas, fue expulsado de las sinagogas; pero esto no fue impedimento para que Él continuara enseñando a sus discípulos en cualquier lugar donde pudieran reunirse. A los 12 años, Jesús estaba aprendiendo en la sinagoga, mientras sus padres estaban angustiados buscándolo. 

Otra de las buenas obras que debemos comenzar a conocer, es que somos Hijos de Excelencia. Esto es porque Dios tiene la característica de ser excelente en la realización de todo lo que Él hace. 

Excelencia proviene del griego Chrestotes, y su significado es: lo mejor, aquello que está completo, lo que está acabado en el propósito o en su función. También es la capacidad para hablar y obrar con excelencia; útil y adecuado para su uso; para lo que realmente se necesita; digno, honroso. 

“Nosotros fuimos creados para ser útiles en lo que realmente se necesita”.

Si nosotros tuviéramos una empresa, ¿qué características buscaríamos en nuestros colaboradores? Seguramente buscaríamos que sean inteligentes, productores, que sean íntegros, honestos y que en su función sean capaces. Es decir, ninguno de nosotros querría que en su empresa, laboraran personas incapaces o con pocas cualidades: buscamos a los mejores, a los más aptos y capaces. 

Nosotros somos portadores de un mensaje poderoso para esta tierra, el cual muchas veces vamos a transmitir hablando, pero otras veces también lo haremos con nuestros actos. La excelencia tiene que ver con la manera en la que hablamos, pero también en la manera en la que obramos. Las personas van a darse cuenta de nuestra manera de pensar, hablar y hacer. 

Si nuestra vida está desordenada, no podemos entonces enseñarle a alguien a tener orden. La excelencia habla de quien representamos y de aquello que creemos. 

  • ¿Qué tipo de utensilios queremos ser?

2 Timoteo 2:15; 20 “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 20 Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles.”

Este versículo nos enseña que hay dos tipos de utensilios: los que son para usos honrosos, y los que son para usos viles. Si nosotros nos encontráramos en alguna de estas categorías, obviamente preferiríamos ser los utensilios de usos honrosos. 


Cuando no tenemos algo de qué avergonzarnos, lo más seguro es que esto sucedió porque hemos entendido y comprendemos para qué nacimos. Nuestra manera de pensar y de ver la vida tiene que cambiar al punto que podamos decir: “Señor yo quiero ser de esos utensilios de honra, en todo lo que he me has confiado: en mi familia, trabajo, estudios, relaciones, en mi entorno, etc.”.

No hay nada mejor que experimentar, ser una de las primeras personas elegidas para la realización de una tarea; a consecuencia de demostrar la excelencia con la que hacemos las cosas, en todas las áreas de nuestra vida. La excelencia sirve de testimonio a los hombres de que estamos creciendo y avanzando.


“La excelencia nos va permitir acceder a los lugares donde no todos pueden entrar”. 


No somos hijos de mediocridad, de lo simple, de las cosas a medias; al contrario, nosotros representamos la excelencia del Reino.

  • El Señor es excelente en todo.


1 Crónicas 29:11 “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.”

Este versículo se refiere a lo que El Señor es. Él es excelente, superior, lo mejor, quien lo llena y lo completa todo. Nosotros amamos al Señor porque Él nos amó; no lo amamos por lo que tenemos o dejamos de tener. 


Cuando comenzamos a conocer al Señor, también vamos identificando algunas de sus características, dentro de ellas está que Él es excelente en todo. La excelencia de Dios ha sobrepasado incluso las capacidades humanas y científicas, al punto que si evalúan un cuerpo, se dan cuenta que solamente alguien excelente lo pudo crear, porque dentro de ese cuerpo, en el ADN específicamente hay moléculas escritas, que para leer una de ellas se necesitan más de 30 años.

Es necesario que nuestra relación con El Señor sea estrecha y genuina, porque siempre nos vamos a parecer a la persona con la que nos relacionamos más. La semejanza es el resultado de la comunión y relación con El Señor.

  • Podemos adquirir excelencia mientras más tiempo pasemos con El Señor.


Job 36:22 “He aquí que Dios es excelso en su poder; ¿Qué enseñador semejante a él?”

Cuando pasamos tiempo con El Señor, se hace inevitable que la semejanza se impregne en nosotros, como la sustancia de nuestro ser, nuestros pensamientos y de la forma en la que actuamos. 

“La transformación de nuestras vidas está a un paso  de la disposición que tengamos de ser transformados”. 

Los espíritus fuertes crecen en disciplina, porque así van fortaleciendo el carácter y se preparan cuando aquel día malo llega: no hay fuerzas, ganas o falta el ánimo. Independientemente de cómo podamos sentirnos, somos capaces de cumplir con lo que se nos ha requerido, porque nuestro carácter ha sido fortalecido mediante la disciplina. 

Si queremos prepararnos como personas que sean ejemplo de excelencia, necesitaremos fortalecer nuestro carácter, porque esto nos va a permitir reflejar la excelencia de Dios pero también su carácter. 

Quizá habrán momentos donde nos digan las cosas que no queremos escuchar, pero que son necesarias para nuestro crecimiento y formación; con carácter podemos asumir responsabilidades. La excelencia muchas veces habla más que mil palabras. 

Debemos tener nuevas actitudes para afrontar de mejor manera las nuevas experiencias. Lo que no se renueva muere. Queremos tener una mejor manera de vivir, pero no estamos dispuestos a renovar las actitudes para afrontar las nuevas experiencias. 

  • El poder de la excelencia es de Dios.

2 Corintios 4:7 “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,”

Nosotros somos vasos de barro, nuestra carne será tierra y polvo; pero tenemos la excelencia del poder de Dios, para que las personas puedan conocer lo que nos habita, no porque la Gloria sea nuestra, sino que la Gloria es del Señor. 

“Al experimentar la excelencia del Señor en nuestras vidas, nos daremos cuenta que las excusas no son para los Hijos de Dios”.

 

  • No hay nada mejor que la excelencia del conocimiento de Cristo

 Filipenses 3:8 “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,”


El Apóstol Pablo nos enseñaba que él prefería perderlo todo, para ganar la excelencia de Cristo en él.  Nuestro Padre es excelso por naturaleza, y si nosotros nacimos a la nueva naturaleza, en nosotros también hay excelencia. Hagamos todo como si fuera para El Señor. 

  • Somos embajadores del Reino

 2 Corintios 5:20 “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.”

Si en algo nos tenemos que reconciliar es con la mentalidad correcta, la mente de Cristo y con la esencia de la excelencia en nuestro ser. 

Un embajador no solamente representa las políticas de su país, sino también su cultura. Si nuestra cultura es de excelencia, nuestra vida debe ser excelente en todas sus áreas. La excelencia es una característica de los Hijos de Dios, que se hace visible conforme nuestra vida es transformada y adquirimos la mentalidad correcta.

2 Pedro 1:3 “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,”

Nuestro Reino es de excelencia. Por esta razón, nuestros pensamientos, actos, decisiones, etc, necesitan experimentar el impacto de la vida del Hijo, para que seamos capaces de desarrollar en nosotros también la excelencia. 

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