El Ánimo

Slider 3 Pastor B. López-Maza

El ánimo es la fortaleza, valor, audacia, valentía y la cualidad contraria al miedo. Regularmente relacionamos la palabra ánimo con “echar porras”; sin embargo, el ánimo tiene un significado más profundo. Nosotros nacemos con dos miedos solamente: el miedo a los ruidos fuertes y el miedo a caernos. Todos los demás miedos que podamos tener son prácticamente creados por nosotros, y la única manera de vencer el miedo es con conocimiento. Por ejemplo, cuando persona tiene temor a manejar es porque todavía no sabe cómo hacerlo.

“Vamos a vencer el miedo, en la medida que tengamos mayor conocimiento de aquello que nos causa miedo”. 

El ánimo va de la mano con el conocimiento. Cuando conocemos algo, tenemos el ánimo de vencer por ejemplo; tenemos la valentía de demostrar, lograr y hacer. Generalmente cuando pasamos por un proceso en nuestras vidas, lloramos, nos quejamos, lamentarnos y victimizamos; lo que estamos demostrando con esto es que nos falta el conocimiento de saber que en El Señor hemos vencido y que en Él estamos seguros.

La palabra ánimo proviene del hebreo ja·záq  que significa ser fuerte. “Cobra ánimo” “Ten ánimo” lo que en realidad estamos diciendo con estas frases no es una porra, es una declaración donde nosotros estamos invitando a otra persona a que sea fuerte.

En el Reino si algo necesitamos es la renovación de nuestro entendimiento, porque carecemos regularmente de la fortaleza; por esta razón es que caemos en desánimo; el desánimo es la falta de valentía o la falta de fuerzas o de fortaleza. Cuando alguien dice que está desanimado, en otras palabras está diciendo: “me falta ser fuerte” “me estoy acobardando”.

Muchas veces las cosas que nos acobardan son condiciones externas, pero también internas. Le damos permiso a las condiciones externas para que tomen un lugar en nuestra vida interna. Debemos identificar si incluso a nuestra mente le falta fortaleza, para vencer las condiciones externas.

  • Necesitamos el buen consejo


Proverbios 15:23 LBLA “El hombre se alegra con la respuesta adecuada, y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!”

El hombre y la mujer de Reino necesitan del buen consejo, pero también necesitan de la buena dirección y del buen ánimo: de ser fuertes, porque nadie conquista en sus debilidades.

¿Cuál puede ser la respuesta adecuada? Muchas veces la respuesta adecuada no es necesariamente lo que queremos escuchar. Vamos a ver a continuación una historia en la Biblia que nos enseña que la respuesta adecuada para un hombre de Dios, en ese momento no fue para consentirlo o mostrarle cariño; sino fue una palabra que alumbró sus ojos.

2 Samuel 18:1-5; 9-16; 33 “David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas.Y envió David al pueblo, una tercera parte bajo el mando de Joab, una tercera parte bajo el mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando de Itai geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros.

Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros; mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será, pues, mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad.

Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os parezca. Y se puso el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil. Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalón a todos los capitanes.

Y se encontró Absalón con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante.

10 Viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalón colgado de una encina. 11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le mataste luego allí echándole a tierra? Me hubiera placido darte diez siclos de plata, y un talabarte.

12 El hombre dijo a Joab: Aunque me pesaras mil siclos de plata, no extendería yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai, diciendo: Mirad que ninguno toque al joven Absalón. 13 Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida, pues que al rey nada se le esconde, y tú mismo estarías en contra.

14 Y respondió Joab: No malgastaré mí tiempo contigo. Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón, quien estaba aún vivo en medio de la encina. 15 Y diez jóvenes escuderos de Joab rodearon e hirieron a Absalón, y acabaron de matarle. 16 Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.

33 Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así! Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón!!!Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!

En esta historia, David se está enfrentando a su hijo Absalón. Se está llevando a cabo una guerra; David quiere ir a pelear también pero el pueblo no se lo permite. Entonces, David da la orden que no le hagan daño a su hijo. En medio de la guerra, Absalón queda colgado de una encina, y Joab, quien era uno de los generales de David, no dudó en aprovechar ese momento y mata a Absalón. El hombre que le dio la noticia a Joab, no quiso matar a Absalón porque él sabía que el rey se enteraba de todo.

Parte del respaldo que Dios muestra siempre a las personas que Dios establece en autoridad, es que se enteran de todo. Dios se encarga de hacer saber todo. Este hombre sabía que David iba a enterarse quién había matado a su hijo, y por supuesto, no quería enfrentarse al rey dolido por la muerte de su hijo, porque lo más seguro era que lo matara.

2 Samuel 19:1-7 “Dieron aviso a Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo por Absalón.

Y se volvió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo.

Y entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla. Más el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz! Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!

Entonces Joab vino al rey en la casa, y dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que hoy han librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas, amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman; porque hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos; pues hoy me has hecho ver claramente que si Absalón viviera, aunque todos nosotros estuviéramos muertos, entonces estarías contento.

Levántate pues, ahora, y ve afuera y habla bondadosamente a tus siervos; porque juro por Jehová que si no sales, no quedará ni un hombre contigo esta noche; y esto te será peor que todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora.”

Todo el pueblo se había deprimido, a consecuencia de que el rey estaba deprimido también. Cuando nosotros nos rodeamos de gente que está deprimida, tendemos a deprimirnos. Si nos rodeamos de gente sin ánimo, tendemos a desanimarnos. Nosotros somos portadores de ambientes. Si nosotros somos líderes de algún grupo o entorno y lo que predomina en nosotros es el desánimo, eso mismo vamos a trasladar a alguien más.

El papel que jugó Joab con David no fue para echarle porras o provocar que éste cambiare de estado de ánimo. Llegó y le dio la palabra en el momento correcto; lo que hizo fue despertarlo de su condición. Fue una palabra dura, pero llena de un ímpetu espiritual.  Posteriormente el Rey David sale a reunirse con el pueblo.

La forma en la que nos comportamos y vivimos, es la que transmitimos. Si vivimos constantemente en desánimo porque así nos acostumbramos, generalmente vamos a tener personas a nuestro alrededor que vivan también en desánimo.

Es necesario que como hombres y mujeres de Reino aprendamos a ser valientes. El Señor le habló a nuestro Pastor respecto a lo siguiente: “Los hijos de Dios la única opción que tienen en su vida es ser valientes.” Nosotros no podemos vivir acobardadamente por las situaciones o contextos.

  • Tengamos cuidado de la amargura

Hebreos 12:15 “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;”

 A veces creemos que la amargura la reflejamos únicamente con nuestra expresión facial; sin embargo, la amargura se proyecta de diferentes formas; por ejemplo: constantemente viven criticando, quejándose, lamentándose, juzgando, porque lo que hay en sus vidas es tanta pobreza que no pueden ofrecer nada más que no sea eso: ofrecen de lo que tienen.

“Cuando nosotros dejamos brotar amargura a través de la queja, crítica y del lamento, generalmente buscamos a alguien en quien depositar todo eso”. 

Debemos aprender a evaluar nuestras vidas a través de la luz del Espíritu Santo. Ser honestos con nosotros mismos en el momento en el que oramos inclusive. Uno de los ejercicios que podemos hacer es que en oración podamos decirle al Señor: “evalúa mi corazón, mis pensamientos, mi vida”; porque muchas veces no nos damos cuenta en qué momento nos comenzamos a llenar de amargura, y la amargura nos llena de: frustración, enojo, lamento, queja, chisme, crítica. Todo esto nos contamina y lo peor es que lo trasladamos: no permitimos que la Gracia alcance a alguien más.

El malagradecido siempre tendrá queja y lamento. La riqueza y la pobreza se reflejan en nuestras actitudes. Nunca seremos portadores de algo que no tengamos. Cuando vamos creciendo en diferentes áreas de nuestra vida, es porque un día en nosotros las vimos. Somos una luz que atrae las cosas en las que creemos.

  • Hablemos palabras de exhortación

Hechos 13:15 “Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.”

Si tenemos palabras de exhortación para alguien, debemos hablarlas. A veces estamos acostumbrados a hablar solo las cosas malas; pero cuando nos pasa algo bueno regularmente no lo decimos.

Hay estudios que revelan que si algo es fácil de engañar es el cerebro. Podemos estar por ejemplo desanimados, pero si nos sonreímos, automáticamente nuestro cerebro cambia de ánimo. ¿Por qué persistimos estar en una condición diferente? Porque muchas veces esa es la condición que nos gusta, nos volvemos adictos a ese estilo de vida. En ocasiones tenemos problemas a consecuencia de que no tomamos decisiones. Muchos de los problemas se acaban decidiendo. Hay quienes siguen cargando problemas desde la niñez porque nunca les han dado soluciones.

  • Un corazón alegre sana las enfermedades

Proverbios 17:22 “El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos.”

Hunter Doherty “Patch” Adams, mayormente conocido como el médico de la risoterapia. Él consideró que la mejor manera de sanar a los enfermos era haciéndolos reír, dándoles ánimo, trasladándoles fortaleza.

Testimonio Pastor B. López-Maza

“Cuando me detectaron la malformación congénita en el corazón yo no salí triste de la clínica. En una ocasión recuerdo que le dije a alguien: yo no voy a estar triste, esto no me va a entristecer, porque sé que esto no me va a matar; y sino sano esto no me va a matar hasta que cumpla el Propósito por el cual vine a esta tierra.”

Tenemos que ser el resultado de lo que Dios nos ha dicho que nacimos para ser; no lo que una enfermedad o una medicina nos estén diciendo. No podemos conformarnos con creer más lo malo que lo bueno. ¿Cómo estamos afrontando las noticias que puedan darnos? Deben vernos transformados no trastornados; debemos ser el reflejo de la sanidad y no de la enfermedad. Somos luminares en esta tierra, las luces que iluminan el camino para alguien más. ¿Cuál es la Fe con la que enfrentamos las situaciones adversas? ¿Cuál es el ánimo que construye nuestra Fe?

La Biblia nos enseña que Dios nos otorgó el poder, el dunamis, la dinamita o la explosión para hacer algo. El Señor nos otorgó este poder para no vivir de manera ordinaria. El buen ánimo se convierte en remedio para la enfermedad. Necesitamos una generación que pueda vivir en las condiciones más extremas sin perder el ánimo. Cuando nuestro objetivo no está claro, cualquier cosa nos detiene, pero cuando nuestro objetivo es más grande que la dificultad, lo que nos mueve es el objetivo no la dificultad. El Señor nos otorgó una causa poderosa: su Propósito Eterno.

  • Alentémonos nosotros mismos

1 Tesalonicenses 5:14 “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.”

Somos nosotros los que determinamos que cosas pueden destruir nuestro ánimo. Somos líderes, y son ellos los que contribuyen al ánimo. ¿Quién da ánimo a líder? Nadie, porque por eso es el líder. Muchas veces tendremos que pararnos frente al espejo y hablar la palabra que Dios nos ha dicho.

  • Haremos obras como las de Cristo y aún mayores

Juan 14:12 “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.”

¿Cuántos de nosotros nos vemos haciendo obras como las de Cristo en esta tierra? Si no lo creemos nunca lo vamos a ver. Recibimos el dunamis, la dinamita explosiva que nos habita y nos gobierna. Somos nosotros los primeros en ser fuertes: no se trata de fingir fortaleza, sino verdaderamente demostrarla. Construyamos nuestra vida en Cristo; por esta razón el Apóstol Pablo decía; resulta que ya descubrí que nada me va a poder separar de este amor. Cristo es la fuente de vida eterna, que brota, de la cual bebemos y nos alimentamos.

  • Ministremos nuestras vidas

Daniel 10:19 “y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.”

El Señor no le dice a Daniel: ve a buscar quien te aliente, sino que le dice “aliéntate”. El Señor nos dio la posibilidad de ministrar nuestras vidas desde el Espíritu. Muchas veces necesitamos tomarnos un tiempo para ministrarnos, para orar y ver lo que El Señor está haciendo en nosotros. 

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