Proceso de Cambio

Proceso de Cambio - Pastor B. López-Maza

Hay una diferencia entre cambiar constantemente y ser cambiante. Las personas cambiantes son las que dicen algo un día, pero al siguiente realizan lo contrario. El cambio constante hace referencia a tener una disposición de cambiar para mejorar. El Reino es un especialista en hacernos cambiar, es un lugar de constante transformación, de procesos que constantemente nos renuevan y alteran inclusive  la manera en la que habíamos pensado hacer algo. 

El Señor siempre nos va a llevar en un proceso de cambio y de transformación, de modificación. 

Desde el primer momento en el que comenzamos a entender que el arrepentimiento significa cambio de mente, nos damos cuenta de que El Señor inicia a modificar, cambiar algo en nuestras vidas. Cuando nos damos cuenta de esto, quizás comencemos a tener dificultades, puesto que generalmente, no nos gustan los cambios, aún estos sean para mejorar; inclusive, en algunos casos, los cambios nos ofenden.

Por ejemplo, si alguien antes de conocer al Señor, vivía afligido y afanado cada día por el dinero, ahora accede al Reino, pero si no cambia la manera de pensar, la única diferencia será que ahora el dinero ya no solo le aflige a él, sino que se lo pide al Señor; esto nos enseña que en realidad no ha existido un cambio, solamente esta persona encontró una “mejor manera” de cómo expresar su afán. 

Este es un tiempo propicio para que podamos evaluarnos y hacernos la siguiente pregunta: ¿accedimos al Reino sin la disposición para cambiar? Muchas personas quieren los beneficios del Reino, pero no quieren asumir las responsabilidades: el cambio es una responsabilidad. 

Al comprender el verdadero significado del arrepentimiento, nos damos cuenta que es algo que debemos practicar todos los días, porque cada día podemos ver que en algo no hemos cambiado. La religión es la que nos ha hecho creer que el arrepentimiento es algo alejado de la realidad del Reino, por lo cual únicamente se da una vez y cuando se vuelve a pecar; pero la realidad es otra: todos los días debemos arrepentirnos. 

Cuando El Señor nos da acceso a su Reino, nos invita, exhorta y nos lleva a un proceso de cambio. 

Ni siquiera en las cosas que hace el sistema de este mundo, podremos sobrevivir o permanecer sin cambios. En Guatemala por ejemplo, los taxistas no aceptaron el cambio que representaba la entrada de un mejor servicio: Uber; lo rechazaban, en lugar de darse cuenta que esto es algo que está ocurriendo a nivel mundial y que debían buscar la forma de poder innovar o competir para seguir prestando este servicio.

Nosotros no estamos dispuestos al cambio, porque tenemos una idea demasiado religiosa de Dios; por tal razón, cuando accedemos al Reino, queremos que Dios nos responda todo lo que le pedimos, aun cuando nosotros no cambiemos para recibir lo que estamos pidiendo. Hemos creado un Dios a nuestra imagen y semejanza, en lugar de nosotros hacernos a su imagen y semejanza. Es absurdo pensar que Dios se haga a nuestra imagen y semejanza, cuando en realidad nosotros somos tan limitados. 

Si permitimos que una pizca de la sustancia de Dios se introduzca en nosotros; verdaderamente esto provocará una transformación en nuestras vidas. 

El cambio constante tiene la capacidad de modificar nuestra estructura de creencias. Desde que entramos al Reino, nos damos cuenta que estábamos tan lejos de decir: “conozco al Señor”, tan distantes de saber quién era Él.

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